jueves, 15 de julio de 2010

Vacaciones con tándem

Nos cogemos una semana de vacaciones. Llevamos el tándem a cuestas para compartir nuestro espíritu con todos los posibles y disfrutar de los lugares familiares de otra forma.

El listado de actividades que realizamos es el siguiente:

- Ruta dominguera por el monte Acibal
- Ruta temática "Los Torres"
- Iniciación oficial Miguel y Sabela
- Sendas de Ferral del Bernesga
- Senda del Oso

16/07/2010: Ruta dominguera por el Monte Acibal

Hoy se juntan la Otero con una prima suya, la Macario de Marcos y Patri.
Salimos de Pontevedra por la orilla del río Lerez, por el carril-bici más antiguo de la ciudad (y el único hasta la fecha), contemplando a la otra orilla "a illa das esculturas". Al llegar a la reciente playa fluvial, el sendero que sigue al Lérez está cortado, mal asunto para un paseo casi recién inaugurado.

El camino se vuelve a coger en la rotonda de Monteporreiro, bajando hacia la izquierda. Recuerdo este camino cuando era pequeño, con mi BH (plegable, por cierto) heredada, recorrerlo hasta la fuente que había bajo un arco, en aquellas épocas en las que mi padre acostumbraba a ir a por agua a las fuentes. Hoy en día sigue el arco, pero me parece que no hay fuente.

Una vez terminada la carretera empieza el sendero, muy bien acondicionado, y para la hora a la que vamos, muy fresco y poca gente. También recuerdo este sendero haberlo hecho con Trujillo en bicicleta, cuando era barro puro, una tarde sin plan. Hoy es menos virgen, pero más accesible. El sendero termina con una fuerte subida en la bajada de Ponte Bora, y un poco más adelante cogemos el desvío a la izquierda, que se dirige al campo de tiro de Bora. No estoy seguro, pero posiblemente la segunda vez que salí en bicicleta (de ruta) allá por el 89, cogimos esta dirección (con la BH, sí). La primera fue por la carretera vieja de Marín. Bien, pues recuerdo justo en la casa antes del puente sobre el río, había de aquella un monito que saltaba de arriba a abajo por un poste de madera al que estaba atado.

Después de pasar el puente y estos recuerdos, empieza la subida, ondulante y armónica. Las carreteras armónicas son aquellas en las cuáles la bicicleta circula como si fuese un coche de tiovivo, de los que tienen subidas y bajadas, curvas y contracurvas, como si una cadena tirase de tí guiándote. Algún día haré un mapa de carreteras armónicas de la provincia de Pontevedra.

Llegamos con 10 minutos de retraso al cruce de colegio de Xeve, pero Marcos y Patri todavía no han llegado. Cuándo llegan, protocolos ciclistas de rigor, saludos, comparación del peso de los tándem...


Cogemos, un poco más adelante, una carretera a la izquierda que empieza a subir, adentrándonos en el fabuloso mundo de la arquitectura sin fin de estos lares. Bueno, también es la tierra de los repechos sinsentido, que discurren entre muros patrimonio de la humanidad, y que te dejan las piernas aullando. Y a partir de aquí no hay otra historia que subir, subir y subir.


Y será por una pequeña rivalidad sin malicia, pero hoy Irene está empujando para arriba como si se jugase el liderato, que incluso tengo que pararla, así que no pueden más que seguirnos con la mirada hasta que nos perdemos tras las curvas de estos montes. Al llegar arriba nos juntamos y avanzamos hasta salir a la carretera del monte Acibal, a la altura de la fuente; no sé cuántas veces habré cogido agua aquí, incluyendo la romería nocturna a Amil. Desde aquí queda subir unos 2 o 3 km hasta el Pastizal; nunca había subido con tanta fuerza este tramo. No sé si vendrá de aquí la expresión, pero formamos un tándem perfecto.

Llegamos a otra fuente llena de tradición, hito casi obligatorio cuando Marcos y yo recorremos azarosamente estos montes. Y cogemos la pista que rodea el Pastizal, para encontrarnos con una caballada, que nos escolta al trote por el camino. Después cogeremos la bajada, acuñada como la mortal, hacia el Pontillón. Marcos y Patri se lanzan al vacío, por encima de las piedras y la gravedad, y nosotros extremamos las precauciones, al tiempo que acompañamos el ritmo de mi padre y abarcamos el paisaje hasta la Isla de Ons.







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Solo falta bajar otra vez hasta el colegio, el punto de partida, y desde aquí nos despediremos para seguir bajando, con algún que otro repecho, hasta Pontevedra.

Parecerá una exageración, o un sentimentalismo excesivo, pero compartir todos estos recorridos más que trillados con Irene, y a su vez con Marcos, Patri y mi padre, me hace homenajear mentalmente cada una de las veces que he pasado anteriormente.

17/07/2010: Ruta Temática "Los Torres"

Trataré de hacer un experimento, ser copiloto. Para ello cuento con un experto piloto, Alberto Torres, mi hermano. Nos acompaña Tino Torres, mi padre. Ajustamos el tándem y nos ponemos en ruta por las Corbaceiras.

Es cómodo ir detrás, y cierto lo que dicen, si quieres puedes no pedalear sin que se entere el de delante.

Cogemos de nuevo la senda del Lerez, y tenemos que ir levantando el pié para no dejar atrás a mi padre. Desde aquí detrás da más sensación de locomotora.

Volvemos a pasar por Bora, pero ahora para coger rumbo Tenorio; Nos espera otro Torres, Miguel, nuestro compadre. Va a hacer de cicerone por las empinadas cuestas de Tenorio. Nos cuenta Miguel la leyenda de que en otros tiempos subía la Soldada. Desde luego, la pose de escalador no la ha perdido. Bajamos por el campo de futbol hacia la general. Enfilamos la recta de Tenorio a más de 60km/h, ups... nos hemos saltado el límite...

Antes de despedirnos, pruebas de copiloto, y volvemos para casa por la senda.

Conclusiones como copiloto. Bajar con piedras impresiona. Es mejor, para la sintonía del tándem, pensar que el que llevas detrás puede ir sufriendo más que tú. Admiro un poco más a Irene por su adaptación al puesto.

20/07/2010: Iniciación de Miguel y Sabela

Dice el abuelo Salvador que el mundo está bien montado como está, que tenemos que pasar crisis como la de estos años para enterarnos de lo que vale un peine, que si hubiésemos pasado una guerra, ya se nos quitarían las ganas de hacer huelgas y pensar en lo que es imprescindible. Que si viviésemos con todo hecho, sin tener que buscarnos las habichuelas, y tumbados a la sombra en cualquier lado no aprenderíamos a pensar, a desarrollarnos. Y que para qué tener más de un baño, si al final resulta en un derroche de agua y en quitarnos la capa ácida de la piel (esto ya me lo decía un profesor en la universidad).

Escuchar hablar a alguien desde esta perspectiva es un privilegio. También hay que decir que que está como está con 90 años porque iba a trabajar en bicicleta todos los días, incluso llevó a parir a su segunda hija en bicicleta.

Casi al mismo tiempo que estas palabras, otra rama de la familia, Miguel González Estarque hace su primer intento en una bicicleta oficial, ya que tiene el gusanillo de las bicicleta despertándose. En unos meses puede que esté dando pedaladas. Su hermana Sabela por mimetismo, también prueba, y los dos en el tándem, que parece una guagua dominicana.

- 22/07/2010: Sendas de Ferral del Bernesga

Sin subvención por parte del ayuntamiento, unos recorridos por las raíces de Irene.






24/07/2010: Senda del Oso

Si alguna vez te dicen que vayas a descubrir mundo y no tienes otra cosa que hacer, acepta la invitación y la compañía, porque seguramente descubrirás más cosas de las que te esperas. Dos consejos importantes: madruga y sorpréndete como un niño, sin prejuicios. No hace falta llegar al fin del mundo para sentirte como un pájaro en plena migración a través de las estaciones.

La Senda del Oso no está en el fin del mundo, pero hay que atravesar montañas valles y puentes. Asturias es así, infranqueable, fortificada entre su cordillera y sus industrias.

El día está estupendo para tres madrugadores y un tándem en el mismo coche. Y llegamos tan temprano que es difícil encontrar alguien para preguntar como se llega al oso. Los mineros no parecen conocer muy bien la zona.

Después de corretear en círculos por las "corredoiras", encontramos un ciclista que, como no, nos indica lo perdidos que estábamos hasta su indicaciones. Siempre majetes esta especie de las carreteras secundarias.

No hacemos más que coger curvas. Me pierdo una de las fotos que todo ciclista desea, al lado de una señal: desnivel 20%. Y tras bajar esta monstruosidad, llegamos a la carretera que nos llevará al área recreativa Buyera, donde Pablo recogerá la bicicleta de alquiler.

Cogemos la via verde hacia Proaza, previa parada para saludar a los que dan nombre a la senda, los osos. Hubiese preferido que me contasen que el oso domina estos montes a su antojo, y que me enseñasen una foto, a verlo en esta semijaula. Quizá no lo veo con la ingenuidad de un niño.

Tal y como nos recomendó el paisano de la bicicleta, debemos parar a desayunar en Proaza, en el Vasco más concretamente, aunque no llevemos mas de 2 km recorridos, para tomar un café que nos ayude a sobrellevar el madrugón y probar diversos dulces locales.



Al estar muy arbolado, la senda está fresca, lo cuál hace curioso el contraste con el calor que traíamos de Madrid. El camino está despejado y llegamos al primer tramo de túnel, gélido, elegantamente iluminado, tenue, un buen tramo de 300 metros o más, que provoca una sensación de pedaleo al limbo, de levedad, de dulce peligro.

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A partir de aquí pedaleamos entre riscos verticales, encadenando continuamente túneles. Somos como las pequeñas locomotoras que transportaban hierro y carbón entre el valle de Quirós y Trubia hasta 1969. Un desnivel casi imperceptible ascendente (0,5%) hace que la marcha sea completamente agradable (y la compañía).





Llegamos al pueblo de El Entragu, donde nos tomamos un vermú como buenos "biciclistas", para poder volver por donde vinimos, ahora con el desnivel que nos permite pedalear...¡Nada! en casi 10 km, y por tanto 10 km de tiritona, ¡qué frío, madre del amor hermoso!

Nos cruzamos ahora a mucha gente en sentido contrario, en especial a un grupo de 25 chicas peligrosas (para los túneles sobre todo) que habrán dejado algún diente en el camino.

Se nos ha acabado el recorrido en un abrir y cerrar de ojos, y es una pena no disponer de más tiempo para explorar la variante que sube al embalse.

En fin, lo que más me gusta de las vías verdes es tomar el testigo de aquellos antiguos ferrocarriles de vía estrecha, y seguir explotando esos rincones solo reservados para maquinistas.

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